jueves, 5 de mayo de 2011

Una lágrima en el mar Cap 15

En ese momento, observé a James acercarse a una mesa vacía de la cafetería.
-Enseguida vuelvo. –Le dije a Stella.
Ella adoptó una mueca de confusión en  su cara cuando me acerqué a la mesa de James dejando mi desayuno a medio acabar.
-¿No vas a decirme que es lo que estás estudiando? – dije, mientras me sentaba frente a él.
-Ya te he dicho que lo adivinases. –Dijo el chico, con una sonrisa burlona en la cara.
-¿Y cómo se supone que debo adivinarlo?
-Eso es cosa tuya.
-No piensas ayudarme. –Afirmé.
James sonrió.
-¿Ni siquiera un poco?
-¿Te he dejado demasiado intrigada?
Asentí con la cabeza.
-Entonces, genial.
Y se fue.
Era extraño como ese chico siempre se iba dejándome con la palabra en la boca. Así era imposible negociar con él para conseguir ni la más mínima ayuda posible. Era obvio que James no pensaba dar su brazo a torcer en este asunto.
Volví con Stella, que me miraba con una extraña expresión en el rostro.
-¿Qué pasa con don solitario? –preguntó.
-Nada, simplemente somos amigos.
-No parece una buena compañía para pasar el rato.
-Es simpático cuando lo conoces. –Aclaré.
-Espero que sólo sea eso. Si empieza a sentarse con nosotras no me pidas que sea amable.
Sonreí ante su comentario, intentando imaginarme a Stella siendo desagradable con alguien, la imagen se negaba a aparecer en mi cabeza.
Kate entró en la cafetería y se sentó junto a nosotras sin decir ni media palabra.
-Hola, Kate. –La saludó Stella. -¿Dónde has estado?
-Mejor dicho. ¿Con quién has estado? –Corregí yo.
Las mejillas de Kate se ruborizaron ligeramente.
-Desayunando –Dijo ella.
-Desayunando con… - Dijo Stella.
-Un chico.
-Y… ¿no nos vas a dar más detalles?
-Por el momento, no. –Dijo con un tono tajante.
-¿Y porque no?- Quise saber.
-Por qué por el momento no significa nada. – Cogió un trozo de mi bollo a medio acabar y se lo llevó a la boca. Luego, con una sonrisa en si rostro, dijo – Tened paciencia, chicas.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Una lágrima en el mar Cap 14

Cuando finalmente me encontré con Stella y Kate, ambas me miraron como si esos minutos que había tardado en llegar hasta ellas hubieran sido horas.
-¿Dónde estabas? Te hemos estado buscando por todas partes, pero no aparecías.
-Bueno, vosotras prácticamente desaparecisteis.
-Sea como sea, tenemos que irnos. –Empezó Stella.
-Pensaba que querías quedarte a la fiesta hasta tarde. –Dije.
-Y yo que a ti no te gustaban estas fiestas. ¿Ha pasado algo en nuestra ausencia que te haya hecho cambiar de opinión?
Recordé al chico del antifaz.
-¿Qué? No. Tan sólo os he estado buscando por todas partes.
-Chicas. –Intervino Kate. –Simplemente vámonos. Puede que esto sea Los Ángeles, pero algo que se toma muy en serio la universidad es la puntualidad y la responsabilidad, y no creo que a los profesores les guste demasiado que sus alumnos asistan a fiestas llenas de alcohol y desconocidos.
-Tienes razón. –Dije. –Vámonos ya.
Era consciente de que en la fiesta había más alumnos de la universidad, pero las palabras de Kate eran ciertas. Lo mejor era largarse de allí cuanto antes.
Durante el trayecto a la residencia no pude dejar de pensar en aquel chico, en el contacto de sus labios contra los míos, en como lo había dejado solo en medio de la pista de baile cuando la alarma de mi teléfono sonó…
-Beca ¿tú no llevabas puesto un antifaz?
Toqué mi cara intentando percibir algún rastro de la suave tela blanca del antifaz o el relieve de sus destellos pero lo único que conseguí notar fue el contacto con mi piel.
-Mierda, se me ha debido de caer cuando me mandasteis el mensaje. –Dije, intentando no contar detalles acerca del misterioso muchacho.
-Pues es una pena, era realmente bonito.
-Lo sé –Dije, preguntándome mi chico del antifaz me habría visto sin el antifaz.
No creo, probablemente se me habría caído en algún momento cuándo eché a correr. ¿Cómo demonios no podría haberme dado cuenta de que no llevaba la máscara puesta?
Durante el camino de vuelta a casa intente no pensar en el hecho de que tal vez aquel chico me había visto realmente y yo simplemente sabía que aparte de haberlo besado y que, efectivamente, me había gustado, tenía una sonrisa bonita.
Llegamos a la residencia y Stella tomó un camino mientras que Kate y yo tomábamos otro diferente que llevaba a nuestro cuarto. Todo el mundo dormía excepto aquellos alumnos que habían decidido quedarse hasta tarde en la fiesta.
Simplemente me cambie de ropa, me tumbé en la cama y me quedé dormida al instante.

A la mañana siguiente no comprendí porque razón no había sonado el despertador hasta que caí en la cuenta de que era domingo.  Después de vestirme me encaminé hacía la cafetería dónde siempre desayunaba con Stella un bollo y un café.
Allí estaba ella, en la mesa de siempre sosteniendo su mirada en las páginas de un libro. Cómo todas las mañanas.
Me senté frente a ella.
-¿Qué tal has dormido esta noche? –Le pregunté.
-Bastante bien. –Dijo. –No llegamos tan tarde como creí que llegaríamos. ¿Tú?
-Bien también. La verdad es que pensaba que tú y Kate queríais quedaros más tiempo.
-Yo sí. Lo que pasa es que Kate insistió tanto que acabó por convencerme.
-Hablando de Kate ¿Dónde está? Cuándo me he despertado su cama estaba vacía.
-No sé. Anoche mencionó algo acerca de desayunar con un chico o algo así.
-Así que nuestra Kate quería irse pronto de la fiesta porque esta mañana tenía una cita.
-Sí, algo así. –Stella sonrió.
-¿Y mencionó algo acerca de quién es el afortunado?
-No lo sé. Un tal John o Josh. Lo único que recuerdo es que empezaba por jota.
Reí y mordisqueé mi bollo untado en café.

lunes, 2 de mayo de 2011

Una lágrima en el mar Cap 13

Así que esa misma tarde prácticamente me arrastraron a comprar los disfraces para aquella dichosa fiesta. Recorrimos tiendas y tiendas, pero ninguna parecía satisfacer los deseos de Stella y Kate. Se acercaba la última hora de la tarde cuando las tres entramos en una pequeña tienda.
Removimos y buscamos entre los diferentes percheros de la tienda. Empezaba a preguntarme cuando encontraría un disfraz cuando mis dedos rozaron una tela blanca. Deslicé los dedos por la suave textura hasta que toqué la percha y cogí el disfraz. Pude observar que era un disfraz de ángel, con pequeños brillos aquí y allá habiendo que el blanco resaltase todavía más. El tamaño del vestido era perfecto, ni muy largo, ni muy corto, y llevaba unas preciosas alas a juego con un tamaño ideal y un antifaz blanco, también con pequeños destellos.
Me enamoré de ese disfraz en cuanto lo vi.
-¿Habéis encontrado algo ya? – la voz de Stella me llegó desde la otra punta de la tienda en el momento en que Kate se acercó a mí con una percha del que colgaba un traje de mariposa.
-Vaya, es precioso. –Dijo esta, señalando mi disfraz.
Stella llegó también con un simple vestido azul cielo en una mano y en la otra un antifaz uno o dos tonos más oscuro.
-Wow, Beca ¿Dónde lo has encontrado?- Dijo, mirando el traje  que sostenía en mi mano. –Seguro que te quedará genial.
Sonreí levemente pensando en que quizás había infravalorado la fiesta del sábado.

-SÁBADO EN LA HABITACIÓN DE KATE Y BECA
 SOBRE LAS OCHO DE LA TARDE.

El día de la fiesta había llegado y Kate, Stella y yo estábamos preparándonos con cuidado de no dejarnos ni un detalle.  No me había fijado en el leve vuelo del vestido de ángel que había comprado, pero tampoco importaba ya que no hacía más que dejar el vestido aún más bonito que antes.  Stella no había dejado de repetir ni por un solo instante lo perfecto que resultaría todo aquella noche. Nunca me había parecido una persona a la que le gustara asistir a este tipo de fiestas, pero decidí no juzgar ningún libro por su portada y continuar preparándome. Era mi primera fiesta en Los Ángeles, y a pesar de que de algún modo sabía que nunca daría la talla, quería intentarlo al menos.
Kate, que se había ocupado de mi ondular mi cabello, estaba ahora vestida con un precioso vestido de mariposa de una tonalidad violácea que le sentaba como un guante. Parecía diseñado especialmente para que ella lo luciese esta noche.
Stella llevaba un simple vestido azul pero que una vez probado semejaba el mejor vestido que haya visto jamás.  El antifaz le aportaba un toque misterioso a su rostro que le quedaba sencillamente perfecto.
-Bueno, chicas. –Dijo Kate. -¿Estamos listas?
Asentí con la cabeza mientras me colocaba mi antifaz blanco y todas salimos de la habitación deseosas de saber cómo sería aquella fiesta.

-LA FIESTA

Salimos del taxi para hacer frente a un collage de luces y demasiada gente en un mismo lugar. Todo era increíble, nunca pensé en asistir a una fiesta de aquel calibre en una de las mejores ciudades del mundo.
Entramos al edificio mezclándonos entre la multitud y descubrí que en el interior había mucho más espacio del que parecía. Observé también que había bastante gente de la Universidad, que no conocía personalmente pero sí que había visto alguna vez por los pasillos. La gente bailaba sin reparar en quién los miraba y quién no. Todo era increíble. Parecía recién sacado de una película.
Me di la vuelta para intentar ver las expresiones de mis dos amigas cuando me di cuenta de que cada una había tomado una dirección diferente. Me dirigí a la barra y pedí una Coca-Cola. Vale que fuera mayor de edad, pero eso no quería decir que necesariamente me tuviera que gustar el alcohol. Observé que todo el mundo llevaba a su espalda un número y que alguien me había pegado uno a mí en mi espalda. Me pregunté para que se necesitara clasificar a la gente por números en una fiesta cómo aquella, en la que todo el mundo parecía conocerse de algo. Yo era el número 37, por si servía de algo.
-Pareces algo fuera de lugar. –Dijo una voz junto a mí.
Giré la cabeza y observe a un muchacho de no más de unos veinte años observándome a través de una máscara negra.
-Oh, no, es sólo que este no suele ser mi ambiente.
-¿Estás en Los Ángeles y este no es tu ambiente? Es algo difícil, la verdad.
Sonreí.
-Bueno, este tampoco parece precisamente tu ambiente.
El chico desconocido rió entre dientes.
-¿Por qué lo dices?
-Porque de lo contrario estarías bailando con los demás.
El muchacho se acercó a mí.
-¿Y qué te hace pensar que no he bailado ya?
Reí.
-Primero, la fiesta acaba de empezar, y segundo, no tienes cara de universitario loco.
El chico desconocido esbozó una agradable sonrisa que dejaba entrever una perfecta dentadura.
Bebí un trago de mi Coca-Cola cuando el DJ de la fiesta anunció algo sobre que los números que teníamos a nuestra espalda tenían una pareja en toda la fiesta, y que en la siguiente canción teníamos que bailar con esa persona que poseía el mismo número.
-Como está claro que ninguno vamos a encontrar a nuestra pareja en este revoltijo de gente – empezó el muchacho - ¿te gustaría bailar?
En ese momento recibí un mensaje de texto procedente de Kate.
“A las doce y media en la puerta de la entrada”
Miré el reloj de mi teléfono. Me sorprendí al observar que ya eran las doce y como el tiempo había pasado tan rápido mientras hablaba con aquel chico.
Puse en la alarma del teléfono a las doce y cuarto y sonreí al chico plantado delante de mí.
-Claro.
Me cogió de la mano y me dirigió a la pista de baile. Y como en una antigua película, me sujeto por la cintura y yo a él por el cuello. No conocía la canción, tampoco me importaba. Era la más larga y bonita canción que jamás había escuchado. Estaba introducida en mis pensamientos cuando sin saber cómo ni cuándo, sentí el contacto de los labios del muchacho contra los míos. No sabía que estaba sintiendo en ese momento, tan sólo oía una voz en mi interior que susurraba que realmente sentía algo.
Pero el momento acabó tan pronto como mi teléfono comenzó a sonar sobresaltándome y haciéndome recordar que había quedado con Stella y Kate en la entrada.
Me pasé la mano por la cabeza y comencé a correr dejando allí al encantador desconocido, en medio de la pista de baile.

domingo, 1 de mayo de 2011

Una lágrima en el mar Cap 12

No tenía ni idea de porqué, pero la verdad es que el pequeño e insignificante reto de James me había dejado realmente intrigada. Era una absoluta tontería, ¿Qué interés podría tener yo en saber que estudiaba James?  Pero aquel chico lo había dicho de alguna manera que parecía estar seguro de que me interesaría.
En fin, ya habían pasado tres días después de la orientación y los profesores ya habían empezado a dar bastante materia cuyas posibilidades de entrar en los exámenes eran del 100%. Apenas llevábamos dos días de clases y parecía que estábamos a mediados de curso. No había tenido mucho tiempo para distraerme con el asunto de James y tampoco lo había visto mucho. No quería atrasar mis estudios, y los profesores pensaban que con un fin de semana previo a las clases ya habíamos obtenido descanso suficiente como  para ponernos a trabajar inmediatamente.
Así que ahí estaba yo. Sentada en una de las muchas mesas de la biblioteca con un libro de literatura cuando Stella se acercó a mí junto con Kate.
-Aquí estás- dijo Stella. –Te hemos estado buscando por todas partes.
-Aquí me tienes. –Dije, cerrando el libro con una mano. -¿Qué sucede?
-La mejor fiesta de disfraces de todo Los Ángeles, eso es lo que sucede.
-¿Y?- dije, sin mostrar algún interés.
-¡Y estamos invitadas!
-¿Qué? ¿Por qué a nosotras? – pregunté, sin entenderlo demasiado bien.
-Y eso qué más da –Dijo Kate – Nos han invitado, iremos, nos divertiremos y volveremos felices.
No pude evitar reír ante su comentario.
Cogí el libro y comencé a caminar entre las estanterías repletas de ejemplares de todo tipo de novelas o libros de diferentes materias.
-¿Y cómo estás tan segura de que no ha sido un error?
-Quieres dejar de arruinar el momento, por favor. –Se quejó Stella. – Es probablemente la mejor fiesta a la que jamás podremos asistir y tú no dejas de buscar excusas para librarte de ella.
Me detuve y me giré para ver a mis dos amigas deseosas de asistir a aquella fiesta.
-Está bien. Iré.
Ambas chicas sonrieron.
-Genial. – Murmuró Kate.
-¿Y cuándo se supone que es esa fiesta? – pregunté, volviendo a caminar., esta vez hacia la salida.
-Este sábado. – Aclaró Stella. –Empieza a las nueve en punto.
-¿Listas para ir de compras, chicas?
Suspiré y acabe mi recorrido hasta la puerta principal.
“Así que nos vamos de fiesta. –Pensé. –En fin, no puede ser tan malo.”
Sonreí mientras me dirigía a mi cuarto dejando a Stella y a Kate riendo como emocionadas como dos niñas con juguetes nuevos.


Bueno, hasta aquí el capítulo 12.
El siguiente capítulo será cuando las chicas vayan de compras y si hay tiempo y suerte, tambien en el 13 será la fiesta (:
Un beso y gracias por leer.
Laura

sábado, 30 de abril de 2011

Una lágrima en el mar Cap 11

No encontré a Stella hasta que no miré en la cafetería, el último lugar en el que la buscaría. Estaba sentada en una mesa junto a la ventana ojeando distraídamente un grueso libro con pinta de entretenido.
Me acerqué a ella sigilosamente por su espalda.
-Hola, Stella. –Dije una vez junto a ella y con una mano en su hombro.
Ella dio un brinco que confirmaba que acababa de asustarla.
-Dios, Beca, ¿nadie te ha enseñado nunca a no acercarte a la gente por detrás?
-Ups, fallo mío. –Bromeé. -¿Qué lees?
-Un libro. –Afirmó, como si aquella fuera  la respuesta más clara y extensa del mundo.
-Un libro sobre… -dije.
-Ángeles, demonios, y una chica humana.
- -Mmm… ¿amor prohibido?- pregunté, intentando averiguar más detalles.
Ella levantó el libro y pude observar que se trataba de un ejemplar de “Oscuros” de Lauren Kate.
-Sí, se podría decir que sí. –Dijo, con una sonrisa en su rostro. – ¿Qué estás haciendo aquí de todas formas? Creí que harías como todo el mundo y aprovecharías la mañana para dormir.
-Soy incapaz de permanecer en la cama todo el día, necesito moverme.
-Eres la primera adolescente a la que le oigo decir eso. –Dijo, riendo entre dientes.
-Bueno, tú tampoco pareces de esas personas que estarían dispuestas a pasarse todo un día en la cama. –Dije, haciendo referencia al hecho de que estaba a las 12 de la mañana en la cafetería, con un café y un libro.
-¿Y cómo sabes que no son simplemente nervios?
-Pues no lo sé, la verdad, pero no pareces de esa clase de personas.
Ella rió.
-Bueno, voy a conseguir algo para desayunar. – Dije, recordando el hambre que tenía en ese momento.
Stella asintió con la cabeza y yo me dirigí hacia el mostrador y cogí un café con leche.  Regresé junto a Stella y comencé a tomar mi café cuando ella abrió mucho los ojos y dijo:
-Beca, acabo de recordar que me he olvidado algo en mi cuarto, lo siento, tengo que irme.
Dicho esto, agarró su libro y dejando a medias su café, salió corriendo por la puerta de la cafetería.
Suspiré pensando en que me había quedado sola. Y así fue durante un cuarto de hora. Ya que después de la inesperada marcha de Stella hacia afuera de la cafetería, alguien se acercó a mí.
-¿Te han dejado sola? –preguntó una voz masculina.
Alcé la vista para encontrar a James justo en frente mía.
-Oh, hola James. –Sonreí. –Sí, me han dejado sola. Siéntate si quieres.
Él se sentó en la silla que minutos antes había sido ocupada por Stella.
-¿Vas a ir a las orientación de esta tarde? –pregunté, intentando sacar algún tema de conversación.
-No, la orientación es sólo para los alumnos que cursan aquí su primer año. Este es mi segundo año, así que no tengo porque asistir.
-¿Qué estudias?
-Preguntas mucho, para ser una novata. –Dijo, con una sonrisa burlona en el rostro.
-Pregunto precisamente porque soy una novata.- Dije, sonriendo.
James se recostó en su asiento.
-Adivínalo.
-¿Qué?
-Me refiero a que si quieres saber qué es lo que estudio, adivínalo.
Y acto seguido, se levantó y se marchó. Quedándome sola una vez más en aquella mesa de la cafetería.


Bueno, pues que había estado ya demasiado tiempo sin subir ningún cap, así que hoy os subo también este. Espero que os guste.
Os quieroop
Laura

Una lágrima en el mar Cap 10

Alex parecía tener una expresión divertida en el rostro.
-Entiendo – dijo. – ¿De cualquier modo, no sería hoy la orientación de la Universidad?
-No es hasta esta tarde – dije. – Y no podía quedarme todo el día encerrada allí, soy humana, necesito aire de vez en cuando.
Alex sonrió al tiempo que tomaba una curva y se detenía frente a un discreto y lujoso coche de color negro.  El, al ver la expresión de mi cara, dijo:
-Adelante, entra, que no muerde.
-¿Estás seguro? – pregunté, bromeando.
-Bueno, por el momento no he recibido ninguna denuncia ni nada por el estilo, así que se podría decir que es un buen coche.
No pude evitar una sonrisa ante su comentario.  Abrí la puerta del copiloto y me introduje en aquel coche al mismo tiempo que Alex imitaba mi acción. Nunca antes había visto un coche como aquel.
-¿De dónde has sacado este coche? – pregunté, sin poder evitarlo.
-Supongo que del concesionario. – Respondió Alex sin vacilar.
-¿Enserio? Realmente, pensaba que lo habías comprado en el supermercado de la esquina o en alguna tienda así como de esas de  todo a un dólar.
Era agradable bromear con Alex. Era bueno encontrar a una persona que no es de aquellas que se ofenden con demasiada facilidad.  A pesar de su intachable aspecto de niño rico y del coche caro y todo lo demás, Alex se alejaba con creces del prototipo de adolescente californiano.
-A la Universidad entonces ¿no? – inquirió Alex.
-Sí, a la universidad.
El coche se puso en marcha  de manera silenciosa y elegante.  El trayecto permaneció en silencio con Alex concentrado al volante y yo observando atentamente a través de la ventanilla. Pude comprender que el pequeño viaje había llegado a su fin cuando el coche se paró frente a las puertas de la universidad y Alex soltó el volante.
-Hemos llegado.
-Sí. – salí del coche y susurré a Alex un gracias al cual respondió con una sonrisa.
-Hasta luego entonces. –Dijo el, arrancando el coche. –Nos vemos.
Y se marchó.
Inmediatamente recordé mi camiseta llena de chocolate y café y subí corriendo hasta llegar a mi cuarto. Cogí una camiseta limpia del armario ya colocado y cuando ya me la había cambiado, arrojé la otra a un lado de la cama. Recorrí los pasillos del edificio  decidí ir en busca de Stella.


Bueno, sé que no es muy largo, y tambien sé  que probablemente estoi tardando más de lo que deberia. pero es lo que tiene pasarse toda la semana santa estudiando y sin tiempo...
Os amuuhh!!!
Gracias por leer
Laura

jueves, 31 de marzo de 2011

Una lágrima en el mar Cap 9

Un suspiro sacudió mi cuerpo de arriba abajo y desperté de mi ensimismamiento.  Sabía que por un momento me había olvidado de todo, que aquella simple terraza era un pequeño paraíso oculto entre millones de voces y motores constantemente encendidos.  Me preguntaba si alguien habría descubierto ya aquel lugar.
Me senté en un acogedor blanco que llevaba el color de la nieve más hermosa que jamás se podría contemplar. Observaba atentamente todo cuanto me rodeaba hasta que sentí que la luz me dañaba los ojos y decidí ir a dar una vuelta por la ciudad. Llevaba allí un día y ya había recorrido Beverly Hills de cabo a rabo, pero algo en aquella brisa mañanera me decía que sería una buena idea recorrer algo más. Así que regresé a mi habitación todo lo rápido que pude y cogí mi chaqueta, la cartera y el móvil.
***

El Starbucks estaría completamente vacío de no ser por un par de personas pasando el rato un domingo por la mañana. Parecía mentira ver una de las tan famosas tiendas de café así en una ciudad como Los Ángeles.
Avancé hasta el mostrador y pedí un café Moca para llevar. Observé como  lo preparaban en un envase de plástico y salí de la tienda dando pequeños sorbos a mi café. Aunque no duró mucho, ya que nada más salir, alguien se estrelló contra mí, dejando todo el café Moca esparcido por mi camisa.
-Lo siento mucho – oí decir. – No era mi intención.
-No pasa nada – dije, quedándome sorprendida cuando observé quién era el muchacho de cabellos rubios que tenía ante mí.
-¿Beca?- murmuró.
-¿Alex? – no supe lo que dije hasta una vez dicho.
-Vaya, qué pequeño es el mundo – exclamó.
-Sí –dije.
-Tú camisa –dijo, su expresión era ilegible. –Deberías cambiártela.
-Sí – susurré, casi incapaz de decir otra cosa.
-¿Estás bien?
-Ajá – dije, intentando cambiar de palabra. – Será mejor que vuelva a la Universidad.
Miré a mí alrededor, intentando descifrar cual era la dirección por la que había venido antes de descubrir que estaba totalmente perdida.
-¿Quieres que te acompañe? – preguntó, con una mueca de comprensión en el rostro.
-Eso estaría bien, sí. –Dije con una sonrisa.
El comenzó a caminar en una dirección que yo supuse que nos llevaría directos a la UNI.  Me cerré la cremallera de la cazadora intentando que pensara que era debido a que tenía frío, y no por la manchada camiseta. Aunque durara mucho de la capacidad de la mentira debido a  que el calor era excesivo incluso para estar empezando el invierno.
-¿Y qué hacías por aquí un domingo por la mañana?
Levanté el envase de plástico completamente vacío en señal de la obviedad del asunto.



Bueno, hasta aquí el capítulo nueve. Siento mucho subir tan poco últimamente, ya sabéis, la evaluación se está acabando y hay muchísimos exámenes que no se harán solos xD
Os amuuuu
Laura